En el marco de los temas de interés que se tratan en la Comisión de Ambiente, entrevistamos a la Dra. en Ciencias Biológicas María José Corriale, investigadora del CONICET, especializada en Fauna Silvestre, quien además dirige el Grupo de Ecología y Manejo de Mamíferos Silvestres (GEMMaS) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.
María José, contanos un poquito tu trabajo con respecto a las urbanizaciones especiales, ¿en qué consiste?
Nosotros, desde el Grupo GEMMaS, estudiamos cómo ciertos mamíferos silvestres logran adaptarse y prosperar en estos ambientes modificados. Las características de estos barrios, como la presencia de lagunas, amplios espacios verdes, baja presencia de depredadores y menor presión de actividades humanas intensivas, generan condiciones favorables para que algunas especies aumenten su abundancia e incluso modifiquen su comportamiento. En algunos casos, ese crecimiento poblacional puede derivar en conflictos con las personas, como daños en jardines o infraestructura, o riesgos asociados a la convivencia cercana con fauna silvestre.
Nuestro trabajo busca comprender estas dinámicas: monitoreamos la abundancia de las especies, analizamos su relación con el hábitat y los factores que explican su éxito en estos entornos. A partir de esa información, que puede variar entre los diferentes barrios, proponemos medidas de manejo orientadas a controlar su crecimiento poblacional y/o reducir los conflictos, con el objetivo de promover una convivencia más armónica entre las personas y la fauna que habita estos espacios.
Vemos que la presencia de zorros en algunas entidades asociadas es un tema recurrente y difícil de abordar integralmente, ¿por qué se da esta situación?
La presencia de zorros en urbanizaciones privadas es una situación que se repite en distintos barrios porque estos ambientes ofrecen recursos muy favorables: refugio, ausencia de depredadores y por sobre todo abundante alimento de origen antrópico (como basura, alimento para mascotas) además de frutas, artrópodos, liebres o pequeños mamíferos que pueden encontrar. A diferencia de los ambientes naturales, en las urbanizaciones los zorros encuentran condiciones estables y seguras, lo que les permite establecerse y reproducirse con éxito.
El desafío es que, al mismo tiempo que se adaptan, pueden generar conflictos, por ejemplo, con mascotas o por la percepción de riesgo que generan en los vecinos. Abordar esta situación de manera integral requiere combinar conocimiento ecológico, educación ambiental y planificación del entorno, ya que el control directo -cuando es aplicado de manera aislada- rara vez resuelve el problema de fondo. Nuestro trabajo apunta justamente a entender por qué las especies se establecen en estos entornos y a generar estrategias de manejo que reduzcan los conflictos sin afectar la biodiversidad.
¿Qué medidas hay que tomar si aparecen zorros en un barrio privado? ¿Cuáles son las recomendaciones prácticas que sugerís?
En primer lugar, es importante aclarar que la presencia de zorros no implica necesariamente un riesgo. Se trata de animales silvestres que, por lo general, evitan el contacto directo con las personas. Además, forman parte de la fauna nativa y habitan dentro de su rango natural de distribución.
Su presencia en barrios privados suele estar vinculada a la disponibilidad de alimento y refugio, por lo que las medidas más efectivas son las preventivas. Entre las principales recomendaciones se destacan: evitar dejar basura, restos de comida o alimento para mascotas al aire libre; no alimentarlos ni intentar acercarse o tocarlos; mantener a las mascotas dentro de los hogares o pasearlas siempre con correa.
También es fundamental registrar los avistamientos. Lo ideal sería monitorear estas poblaciones incluso en ausencia de conflictos, justamente para prevenirlos. En caso de detectarse una elevada abundancia o situaciones de conflicto, las administraciones de las urbanizaciones deberán comunicarse con las autoridades competentes, como las Direcciones de Fauna provinciales, para evaluar la situación y definir las acciones más adecuadas. Cualquier intervención o medida de manejo debe basarse en evidencia científica, ya que las capturas o traslados no planificados pueden no resolver el problema, implicar un uso ineficiente de recursos y, además, generar impactos negativos sobre la población o nuevos desequilibrios ecológicos.
Podés ver la charla brindada por María José Corriale, en el marco de la Comisión de Ambiente, acá: